«Hubo un tiempo en que mi corazón estaba lleno de vacío, orgullo y temor.
Intenté cambiar con mis propias fuerzas, pero nada era suficiente. Cuando conocí a Dios y le entregué mi vida, ocurrió algo que no puedo explicar con palabras: cambió mi corazón.
Donde había rencor, puso perdón; donde había ansiedad, puso paz;
donde había desesperanza, puso propósito. Ese cambio no fue obra mía, fue la gracia de Dios transformando mi interior. Hoy sé que el mayor milagro no fue lo que hizo a mi alrededor, sino lo que hizo dentro de mí.»